29.5.12

Corazón


Tal vez fue una horrible pesadilla, tal vez fue la luna llena, tal vez fue la primavera, desperté de un sobresalto con el angustioso sentimiento que tenía el cuerpo hueco, yo tenía un gran boquete en el esternón metí la mano dentro de mi pecho y descubrí con gran horror que sí..., que no... que es que yo no, que yo no tenía corazón, que es que no veis que no, que yo no tenía corazón. Mi corazón se me escapaba, saltaba de mi cama, salía de mi casa se iba por ahí de farra, sería que estaba deprimido, sería que estaba resentido, yo no sé por qué había sido pero mi corazón se había ido... y andando, andando, se desplazan los humanos pero los corazones se desplazan palpitando, palpitando, palpitando.... que es que no veis que no...  que yo no tenía corazón. Que es que no veis que no, que yo no tenía corazón. Brillaba el cielo, había luna llena, brillaba la luna, clara como el sol por la mañana, yo iba siguiendo el corazón calle arriba y no sé por qué,  empecé a romper retrovisores de los coches aparcados. ¡Fuego al Clero! Incendié una catedral y destrocé una sucursal del Banco de Santander...¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué? Porque no tengo corazón, que es que no veis que no,  que yo no tenía corazón. Desvalijando ancianos, asesinando perros, atropellando niños, maldiciendo y escupiendo... me estaba envileciendo..., me estaba envileciendo... destrozándolo todo  lo que me encontraba al paso. Y eso pasa si pierdes el corazón, que te vas poniendo malo... me estaba sintiendo raro... ¿me estaría volviendo malo? Es que no veis que no, que yo no tenía corazón. Es que no veis que no, que yo no tenía corazón. Bueno, evitaré explicaros las escenas más escabrosas y macabras de un servidor persiguiendo a su propio corazón, sin su corazón... La cuestión es que mi corazón se me iba..., pero se me iba mucho, Se fue de la casa, salió del barrio, de la ciudad, se metió por el viejo cementerio, luego pasó por un chatarrero, luego otro sendero que se internaba dentro de un bosque y luego llegó a un recodo del río donde estaba el Puente de los Suspiros y ahí, mi corazón pues se encontraba... con otro corazón y los dos corazones se recostaban en la baranda del Puente de los Suspiros a palpitar, a palpitar... No, claro, eso está muy bien, claro... pero en fin...  hay que organizarse... hay que organizarse... hay que organizarse... hay que organizarse... Porque, claro, te desorganizas y... primero se te va el corazón, pero luego se te van los riñones, o el hígado, o cualquier otro órgano... bueno, yo ya estaba a punto de  organizarme cuando, detrás de un árbol, apareció un señor con una gabardina gris y un sombrero gris y un cazamariposas, se subió al Puente de los Suspiros y... ¡Zas!, cazó a los dos corazones... Yo, ya daba a mi corazón por perdido, pero de pronto, salió una chica de detrás de unos matorrales, y le tiró una piedra a la cabeza del señor de la gabardina y el sombrero gris y se cayó al suelo desvanecido. Entonces la chica se acercó y se presentó... ¡Hola!, yo soy la dueña del otro corazón, que también se me escapa mucho por las noches... últimamente, ya se sabe, que hay mucha gente que se le escapa el corazón y pues hay otras gentes malas, que los caza para hacer tráfico de órganos y estas cosas y yo, como tenía una piedra, pues he pensado, tírasela, sí... sí... hay que organizarse..., claro, hay que organizarse... hay que organizarse... hay que organizarse... hay que organizarse... hay que organizarse... Bueno sí, y en eso, que pasaba por debajo del Puente de los Suspiros una caravana de esclavos, y pensamos... ¡Ya esta! Vendemos el cazacorazones al jefe de la caravana de esclavos y col el dinero que nos den, nos da de sobra para organizarnos. Hay que organizarse... hay que organizarse... hay que organizarse... hay que organizarse...

Albert Plà – La diferencia

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